TRASTORNOS DE LA ANSIEDAD
Es inevitable el pasar a lo largo de la vida por momentos que podemos
identificar con un sentimiento de tristeza o infelicidad, que pudiendo ser
más o menos largas, no siempre indican una situación de depresión.
Sin embargo, cuando esta situación afecta a la persona de manera integral,
produciendo cambios tanto en la esfera afectiva, a nivel conductual, como
en el sentido cognitivo, podemos empezar a pensar que la ayuda exterior
es una necesidad inaplazable, para resolver la situación.
Afectivamente habrá que hacer frente con decisión a la pérdida de interés
por aquellas actividades o situaciones que antes nos producían
satisfacción, y que al adentrarnos en el trastorno depresivo dejan de
aparecer con claridad. Incluso lo más cotidiano se convierte en una tarea
para la que se va requerir un enorme esfuerzo. Todo ello coincide con hay
un decaimiento de la energía personal, tanto física como psíquica,
apareciendo entonces como constante la sensación de fatiga.
Se producen alteraciones del sueño; bien porque se duerme demasiado, bien
porque cuesta conciliarlo o bien porque el sueño se interrumpe varias
veces a lo largo de la noche. También suele aparecer una dificultad para
desempeñar cualquier tarea que requiera una concentración.
A nivel cognitivo, con la agravación del problema será una constante la
aparición de pensamientos recurrentes en torno a la muerte, o el miedo a
padecer una enfermedad grave y la impresión de que esta situación va a ser
insuperable.
También se modifica la memoria, apareciendo dificultades para recordar
aquello que ha ocurrido de manera más inmediata y cercana cuando
paradójicamente afloran recuerdos lejanos en el tiempo.
A esta situación se le suma un fuerte sentimiento de culpa y de
minusvalía; culpabilidad por no poder evitar los sentimientos negativos,
por no poder estar a la "altura" de todo lo que le rodea (familia,
trabajo, buenas condiciones econ-micas...etc.). La persona que sufre la
depresión cree que todo lo ha hecho mal y el trastorno le empuja a buscar
cualquier detalle que pueda corroborar el error y la culpa, entrando en
una espiral de magnificación de la experiencia negativa, sin poder
evitarlo, ni ser realmente culpable de ello.
Si a nivel personal, estas características negativas van a hacer sufrir
a la persona, todo ello cristalizar? en una situación social en la que la
convivencia con quien sufre el trastorno depresivo se vuelva más y más
difícil (retroalimentando a su vez de esta manera el sentimiento de culpa,
la experiencia de ser el origen de todo lo negativo que percibe a su
alrededor).
Como con otros problemas psicológicos, aquí también será necesario el
detectar el origen del trastorno, y poner en práctica la solución más
rápida posible del problema. La gravedad de la situación estará en función
del propio individuo, de sus experiencias, sus expectativas, la capacidad
para enfrentarse a la situación, etc. Todo ello debe ser sistematicamente
trabajado en la consulta, haciendo a la persona capaz de resolver el
problema de una manera eficaz y duradera, y en su caso, resolviendo otros
problemas que acompañen a la depresión.
Deberemos de evitar cualquier tentación tendente a vincular la solución
del conflicto/problema con la mera voluntad de la persona afectada, puesto
que esta vinculación no hará sino ahondar en su sentimiento de culpa, sin
contribuir a la solución del mismo.
La línea de trabajo de superación de la depresión se concentrará
indudablemente en la superación de las causas que se detecten en la
consulta, así como en el alivio de los síntomas que hemos mencionado con
anterioridad. Todo ello, mediante objetivos concretos a alcanzar
(acompañados de los instrumentos para lograrlo), y sabiendo que la mínima
dificultad es percibida como insuperable por el paciente, para lo que se
requerira además de un gran esfuerzo, el utilizar toda la habilidad
profesional del terapeuta por acompañar al paciente a lo largo de un
proceso que al concluir debe representar un gran triunfo para la persona
afectada por la depresión.
Es inevitable el pasar a lo largo de la vida por momentos que podemos
identificar con un sentimiento de tristeza o infelicidad, que pudiendo ser
más o menos largas, no siempre indican una situación de depresión.
Sin embargo, cuando esta situación afecta a la persona de manera integral,
produciendo cambios tanto en la esfera afectiva, a nivel conductual, como
en el sentido cognitivo, podemos empezar a pensar que la ayuda exterior
es una necesidad inaplazable, para resolver la situación.
Afectivamente habrá que hacer frente con decisión a la pérdida de interés
por aquellas actividades o situaciones que antes nos producían
satisfacción, y que al adentrarnos en el trastorno depresivo dejan de
aparecer con claridad. Incluso lo más cotidiano se convierte en una tarea
para la que se va requerir un enorme esfuerzo. Todo ello coincide con hay
un decaimiento de la energía personal, tanto física como psíquica,
apareciendo entonces como constante la sensación de fatiga.
Se producen alteraciones del sueño; bien porque se duerme demasiado, bien
porque cuesta conciliarlo o bien porque el sueño se interrumpe varias
veces a lo largo de la noche. También suele aparecer una dificultad para
desempeñar cualquier tarea que requiera una concentración.
A nivel cognitivo, con la agravación del problema será una constante la
aparición de pensamientos recurrentes en torno a la muerte, o el miedo a
padecer una enfermedad grave y la impresión de que esta situación va a ser
insuperable.
También se modifica la memoria, apareciendo dificultades para recordar
aquello que ha ocurrido de manera más inmediata y cercana cuando
paradójicamente afloran recuerdos lejanos en el tiempo.
A esta situación se le suma un fuerte sentimiento de culpa y de
minusvalía; culpabilidad por no poder evitar los sentimientos negativos,
por no poder estar a la "altura" de todo lo que le rodea (familia,
trabajo, buenas condiciones econ-micas...etc.). La persona que sufre la
depresión cree que todo lo ha hecho mal y el trastorno le empuja a buscar
cualquier detalle que pueda corroborar el error y la culpa, entrando en
una espiral de magnificación de la experiencia negativa, sin poder
evitarlo, ni ser realmente culpable de ello.
Si a nivel personal, estas características negativas van a hacer sufrir
a la persona, todo ello cristalizar? en una situación social en la que la
convivencia con quien sufre el trastorno depresivo se vuelva más y más
difícil (retroalimentando a su vez de esta manera el sentimiento de culpa,
la experiencia de ser el origen de todo lo negativo que percibe a su
alrededor).
Como con otros problemas psicológicos, aquí también será necesario el
detectar el origen del trastorno, y poner en práctica la solución más
rápida posible del problema. La gravedad de la situación estará en función
del propio individuo, de sus experiencias, sus expectativas, la capacidad
para enfrentarse a la situación, etc. Todo ello debe ser sistematicamente
trabajado en la consulta, haciendo a la persona capaz de resolver el
problema de una manera eficaz y duradera, y en su caso, resolviendo otros
problemas que acompañen a la depresión.
Deberemos de evitar cualquier tentación tendente a vincular la solución
del conflicto/problema con la mera voluntad de la persona afectada, puesto
que esta vinculación no hará sino ahondar en su sentimiento de culpa, sin
contribuir a la solución del mismo.
La línea de trabajo de superación de la depresión se concentrará
indudablemente en la superación de las causas que se detecten en la
consulta, así como en el alivio de los síntomas que hemos mencionado con
anterioridad. Todo ello, mediante objetivos concretos a alcanzar
(acompañados de los instrumentos para lograrlo), y sabiendo que la mínima
dificultad es percibida como insuperable por el paciente, para lo que se
requerira además de un gran esfuerzo, el utilizar toda la habilidad
profesional del terapeuta por acompañar al paciente a lo largo de un
proceso que al concluir debe representar un gran triunfo para la persona
afectada por la depresión.
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